Swingers

La película argentina “Dos más dos”, actualmente en los cines, aborda desde el humor el controvertido tema de los “swingers”. Adrián Suar encarna a un médico exitoso que -no muy convencido- intenta reavivar la pasión en su matrimonio intercambiando mujeres con su socio y amigo, quien parece haber encontrado en el estilo de vida swinger la clave de una relación feliz.

Los espectadores tienen frente a esta historia diferentes reacciones: a algunos les resulta chocante desde lo moral, para otros es sencillamente muy divertida y hay quienes se preguntan cómo será ese mundo de libertad sexual, que rompe con mandatos culturales muy arraigados respecto de la monogamia.

¿Podrían considerarse como un antecedente remoto del swingerismo las famosas “Bacanales” del mundo griego y romano, por el 200 a.C.? Como sabemos, eran fiestas en honor al dios Baco -el dios del vino- donde los participantes se entregaban a todo tipo de placeres, especialmente los sexuales.

Reconocido por los impulsores del movimiento swinger, su nacimiento se sitúa a mediados de los años 50 en Filipinas, cuando los soldados norteamericanos, para combatir el aburrimiento, inventaron un juego que consistía en poner dentro de un sombrero las llaves de sus habitaciones. Participaban obviamente también mujeres, que no siempre eran sus esposas y, por decisión del azar, intercambiaban parejas. Por eso la cerradura y las llaves son símbolos del mundo swinger.

Un mundo sin fronteras

El espíritu de la práctica swinger consiste en compartir en pareja la experiencia de tener sexo con otras personas. Y -obviamente- en disfrutar de esa experiencia, divertirse.

Los swingers afirman que en este comportamiento no hay infidelidad porque no hay engaño ni traición a un acuerdo. Por el contrario, estar con otros es el acuerdo. De hecho, consideran que han encontrado el antídoto contra la infidelidad, situación que viven un gran número de las relaciones “monogámicas”.

Es curioso realmente. A muchas personas, la sola idea de su pareja con otro en la cama les produce rechazo. A tal punto de que algunos hasta se sienten traicionados cuando descubren un simple “histeriqueo” por mensaje de texto o correo electrónico.

Y por otro lado tenemos a estas parejas -100.000 aproximadamente en nuestro país, según el presidente de la Asociación Argentina de Swingers- que se alientan mutuamente a cumplir una de las fantasías sexuales más comunes entre los “comprometidos”: “hacer el amor con alguien distinto de la pareja actual”. Los swingers no quieren renunciar a cumplir esta fantasía, pero no quieren herir al otro, ni mentirse o cortar la relación.

Es evidente que esto no es para todo el mundo. Hay un chip cultural muy metido en nuestro cerebro que nos dificulta digerir la posibilidad de abrirnos al sexo recreativo con otras personas estando en una relación comprometida.

Uno más uno en crisis

Más allá de las diversas opiniones que podemos tener al respecto, es claro que con estas nuevas conductas sexuales se están buscando alternativas a un modelo de relación que ha caído en descrédito. La alta tasa de divorcios, la desdicha conyugal que llena los consultorios de los psicólogos, las frecuentes infidelidades con toda la crisis que acarrean, etc, han llevado a que muchos se cuestionen la viabilidad del paradigma monogámico tradicional.

Ya no es posible, como en otros tiempos, poner piloto automático y cumplir 30 años juntos. Es que el contexto sociocultural actual se configura como muy amenazante y lleno de peligros y dificultades para una relación de pareja estable, arquetípica, especialmente cuando sus miembros no trabajan en el vínculo y creen que es cuestión de “permanecer y transcurrir”.

De ahí a que el esquema swinger configure una solución para todos hay mucho trecho. Por lo pronto, sería interesante estudiar a lo largo del tiempo, con la suficiente perspectiva, el desenvolvimiento de las relaciones de pareja swingers. Indagar de qué manera evolucionó el vínculo antes, durante y después de haber emprendido esta curiosa aventura sexual.

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