Prejuicios y realidad del mundo swinger

Gente con swing

El éxito de Dos más dos confirmó la curiosidad que despierta esta práctica, con reglas y lugares propios. La cantidad de swingers se duplicó en los últimos diez años y bajó la edad de “iniciación”. Cómo se lo cuentan a sus hijos.

No se animaron. La primera vez que Carolina y Nicolás –alrededor de 25 años, de novios hace siete– compartieron su cama con Romina y Juan –en pareja desde hace dos– dispuestos a tener sexo y desnudar prejuicios, no se animaron (los nombres son ficticios para preservar la intimidad). Hubo roces, besos desenfrenados, mucho sudor y demasiada calentura, pero no se animaron. Se despidieron como si nada hubiera pasado y apenas quedaron frente a frente con su pareja hicieron el amor compulsivamente, con más frenesí y más disposición de lo habitual. Era evidente que la adrenalina de ver a su amado entrelazado con otro cuerpo les generaba a los cuatro una sensación placentera. Sin embargo, las dudas dilataban la cuestión: ¿qué pasaba si una pareja tenía química y la otra no? ¿Cómo iban a volver a la rutina después de tener una aventura swinger? ¿Estaban legalizando la infidelidad? Pero el ratón ya se les había metido en la cabeza.

Aunque la gran mayoría lo ignore, Buenos Aires ofrece cada noche un extenso circuito sexual destinado a parejas que no tiene límites y cada vez suma más adeptos. ¿Cuáles son las reglas de esta práctica sexual? ¿Puede catalogarse como una perversión? La opinión de protagonistas y expertos.

Con sólo una semana en cartel, la película Dos más dos, que reflejar el mundo swinger en tono de comedia, fue vista por 300 mil espectadores y lideró la taquilla, superando a Batman: el Caballero de la Noche asciende. La curiosidad por el intercambio de pareja es evidente y no hay público que se resista.

Como toda práctica, esta también tiene sus códigos. Entre las reglas principales se destaca que el intercambio debe darse bajo un mismo techo (impidiendo perder contacto visual con la pareja de uno), no hay que ser insistente si un matrimonio no quiere tener sexo, el uso de preservativo es obligatorio y no es recomendable cerrarse a una única relación de intercambio. Una de las claves para evitar los enamoramientos y las confusiones está en la rotación.

Según relatan Aracelly y Néstor, casados hace 27 años y con casi 500 intercambios en su historial, la práctica swinger tiene su origen en la Segunda Guerra Mundial, cuando los altos mandos aliados se resguardaban en castillos y mansiones, desde donde seguían el curso de las batallas. Reunidos con sus esposas y aburridos del encierro, plantearon la idea del intercambio, poniendo en una gorra papeles con los nombres de las damas y haciendo que cada varón tomara uno, que le indicaría con quién pasaría la noche. Con el tiempo, esta práctica alcanzó a la clase alta de la época y luego se popularizó, traspasando fronteras.

“Hay una cuestión voyeur en el hecho de excitarse mirando a la pareja poseída por otra persona. Los encuentros swingers, además, podrían vincularse con un recuerdo ancestral. Antiguamente, las relaciones eran endogámicas, todos tenían relaciones con todos. Es decir, es un impulso primario del ser humano”, explica Adrián Sapetti, médico psiquiatra, psicoteraupeta y sexólogo clínico.

A nivel masivo, el tema salió a la luz a fines de los sesenta, cuando el film estadounidense Bob, Carol, Ted and Alice mostró por primera vez el intercambio de parejas. Y como toda experiencia sexual, el swingerismo se fue aggiornando a cada sociedad, incorporando reglas y diversas alternativas.

Según Daniel Bracamonte, referente indiscutido del movimiento swinger y director de Entre Nosotros, la única revista local destinada al sector, con 8.000 ejemplares por mes, en 2003 había en la Argentina cerca de 50 mil parejas afines a esa práctica y hoy suman alrededor de 100 mil. Pero en ese lapso no sólo se duplicó el número de adeptos, también disminuyó la edad de iniciación. La palabra swinger deriva del verbo en inglés “to swing”, que significa balancearse, oscilar. Un swinger, entonces, vendría a ser aquel que cambia o pasa de un lugar a otro. La curiosidad y la falta de experiencia, característicos en los jóvenes, son claves del fenómeno.

Para Sapetti, “los jóvenes necesitan experimentar. La difusión es fundamental: siempre que haya oferta, alguien va a querer probar. Sigmund Freud decía que el ser humano es un perverso polimorfo. Mientras los dos tengan placer y compartan el acto de común acuerdo, ¿por qué no?”.

Las parejas que se mencionan en el inicio de la nota tienen entre 24 y 27 años y son muy amigas. Carolina cuenta que fue hace un año, en unas vacaciones, cuando los cuatro comenzaron a coquetear con la idea de hacer un intercambio. “El planteo se dio de forma espontánea y grupal, aunque los hombres insistieron más que nosotros. Hace unos meses, la situación se puso más cachonda. Las cenas están impregnadas de histeriqueo, comentarios con doble sentido y siempre terminan en la cama –relata Carolina–. Todavía no tuvimos sexo explícito pero se avanzó bastante y hasta hubo erecciones y orgasmos. Lo que más me excita es estar con otro hombre habilitada por mi pareja”.

Una de las razones por las cuales todavía no concretaron el intercambio es por los temores que les despierta la práctica: “¿Qué pasa si a Nicolás le gusta más el sexo con Romina que conmigo?”, se pregunta Carolina. “¿De ahora en más va a ser obligatorio tener sexo cada vez que nos vemos?”, consulta Juan. “¿Qué pasa si dos quieren seguir y los otros no?”, duda Nicolás. Los cuatro reconocen que el día que más avanzaron fue después de ver Dos más dos y que la difusión del tema en los últimos días los hizo afianzar en la idea de intercambiar parejas.

Juan Vera, guionista del film que protagonizan Adrián Suar, Julieta Díaz, Carla Peterson y Juan Minujín, explica que en realidad “la idea era hacer una película con cuatro actores fuertes que hable sobre las fantasía sexuales que tienen las parejas. El mundo swinger sólo fue una excusa para hablar de sexo”. En cuanto al armado del guión, Vera cuenta que partió desde el desconocimiento y que no indagó demasiado: “Sólo me reuní con una persona del Club Anchorena, uno de los boliches swingers más conocidos del ambiente, para conocer los códigos de esa práctica. Pero el objetivo nunca fue reflejar la realidad del mundo swinger a rajatabla. La película sólo es una aproximación”.

El artículo 198 del Código Civil estipula que “los esposos se deben mutuamente fidelidad, asistencia y alimentos”. Bajo el argumento de “promover la infidelidad y no aportar al bien común”, la Inspección General de Justicia rechazó la personería jurídica de la Asociación de Swingers en 2010. Bracamonte asegura que tienen el aval del Inadi y que “infidelidad es ocultamiento y mentira, mientras que en el movimiento swinger hay un acuerdo de partes y total sinceridad. Por lo tanto, no existe la infidelidad”.

La licenciada Laura Borensztein, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA), coincide con Bracamonte: “La infidelidad implica la ruptura de algún tipo de acuerdo pactado en un vínculo o relación. Las parejas swingers acuerdan mutuamente este tipo de intercambio. Por ello es que no está planteado como infidelidad. De hecho, en los ámbitos swingers suele ser un requisito que los participantes sean parejas, justamente con el fin de que la persona que intercambie con la pareja o con alguno de sus miembros no intente romper la relación”.

En el país existen cerca de diez boliches donde se concretan los intercambios de pareja. La mayoría está concentrada en Capital Federal. En general, la entrada ronda los 150 pesos para hombres solteros y es gratis para parejas y mujeres solas. “Cacho”, coordinador del club nocturno Star New, uno de los pioneros en su tipo, afirma que “durante el último tiempo bajó la brecha de edad. Muchas parejas cercanas a los 30 años buscan despertar esta modalidad sexual en su etapa de noviazgo. Asimismo, siempre que surge algún tipo de difusión mediática, las visitas se potencian. Pasó con el unitario Condicionados y ahora con esta película, que es de la misma productora”.

Sin embargo, los boliches no son el único ámbito para conocer parejas. Los más veteranos suelen preferir las fiestas privadas en quintas y departamentos. Ahí, el “vale todo” es la opción más común. Cualquier ignoto que asista pensaría que se trata de una orgía convencional, pero en realidad sólo asisten parejas y en todo momento las partes saben dónde se encuentra la media naranja. Aracelly, incluso, cuenta que con Néstor “siempre intentamos estar en contacto tocándonos mientras tenemos sexo con otras personas”.

En cuanto a los usuarios, Borensztein concluye que “no es posible trazar un perfil psicológico o trazar generalizaciones de ningún tipo. En todo caso, lo que parece prevalecer es que no alcanza la intimidad y el intercambio sexual solamente con la propia pareja. Y la presencia de otro como fuente de estímulo y placer sexual se hace necesaria”.

Conocer detalles sobre la sexualidad de los padres inevitablemente genera pudor e incomodidad. Bracamonte, casado con Beatriz, cuenta que “como parejas públicas, debimos hablar con nuestros hijos, pero no para consultarles, ya que nuestra sexualidad es nuestra prioridad y no puede estar sujeta a opiniones de terceros. Además, nos vieron felices y unidos y eso fue definitivo para su comprensión”. En el caso de Aracelly y Néstor ellos esperaron a que su hijo cumpla 21 para revelarle el secreto mejor guardado. “Cuando le contamos, se sorprendió y lo primero que hizo fue preguntarnos si también éramos bisexuales o si los intercambios eran sólo con heterosexuales”, concluye Aracelly.

Novatos, experimentados y curiosos. Homosexuales y hétero. Sub-30 y tercera edad. El universo swinger no tiene dimensiones y cada vez se amplía más.

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