Mitos y Verdades de la vida Swinger

Mitos y Verdades de la vida Swinger

—FALSO que las parejas swingers sean una especie de monstruos sexuales con apetitos perversos y ninfómanos. Son parejas con una sexualidad normal, con los mismos miedos y deficiencias que los no swingers, aunque aprendemos a compartir con otros los momentos de placer.
 
—FALSO que convertirse en pareja swinger sirve para salvar la relación. La pareja que ya no funciona, no habrá de mejorar por volverse liberal. El ambiente swinger no sirve para detener los divorcios.
 
—FALSO que los integrantes de una pareja swinger no sientan celos. Más allá de los encuentros sexuales compartidos, en la vida real siguen sintiendo los mismos celos que cualquier otra pareja.
 
—FALSO que la actividad swinger es siempre satisfactoria, hay encuentros que son un fracaso. Más aún, casi la mitad de ellos no resultan.
 
—VERDAD que el ambiente swinger, para algunas parejas, estimula el erotismo más allá de lo que ocurre normalmente en la pareja en solitario.
 
—VERDAD que una pareja, luego de varios encuentros intensos con otros swingers, corre el riesgo de hacer de esas relaciones liberales un hábito por encima del sexo solitario en pareja.
 
—VERDAD que el voyeurismo, el exhibicionismo y masturbación compartida son factores esenciales de mundo swinger y es cierto que, en distintos grados, todas las parejas, swingers o no, se sienten atraídas por vivir situaciones en las que se involucren esos tres elementos. La diferencia es que las parejas liberales sí las viven y las otras las dejan en el terreno de las fantasías, que tampoco es algo que enaltezca a un tipo de pareja y disminuya a otra.
 
—VERDAD que hay un alto índice de parejas swinger que nunca acaban de funcionar bien en esa actividad porque uno de los integrantes de la pareja, generalmente el hombre, está muy convencido de realizar actividades liberales mientras que la mujer puede hacerlo sólo para complacerlo. Por tanto el resultado suele ser de regular a malo.
 
—VERDAD que en las parejas en los que los dos están convencidos y viven a plenitud las relaciones swinger, son las mujeres las que llevan la batuta. Ellas escogen la ocasión, deciden el ritmo y la intensidad, escogen los juegos y la duración. Una verdadera pareja swinger se reconoce por el mando, discreto o evidente, de la mujer, aunque sea a los hombres a los que les toca tomar los primeros acuerdos de acercamiento.
 
—VERDAD que hay, en al menos el 60% de las mujeres de las parejas que inician, un importante sentimiento de culpa luego de haberse entregado al sexo compartido, pero también es verdad que ese sentimiento va disminuyendo hasta desaparecer, lo que suele ocurrir después después del quinto o sexto encuentro satisfactorio. Las parejas swinger no viven su condición en términos morales.
 
—VERDAD que la pareja que se inicia en las actividades liberales sin que alguno de los dos o los dos estén plenamente identificados con vivir esa aventura, o lo hagan por causa de beber más de la cuenta, seguramente tendrá problemas serios de reclamos y celos que se pueden dar durante los mismos encuentros o después en casa provocando importates pleitos y resentimientos graves.
 
—VERDAD que una pareja que no está muy convencida puede pasar a estarlo si al principio solo miran o tienen buenos guías y, poco a poco, en distintas sesiones, se van animando. Aunque hay parejas que desde la primera ocasión están más que listas. Otras ni siquiera lo vuelven a intentar.

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